jueves, 16 de junio de 2016

Mujeres que ven dramas por la ventanilla del tren


Cuando se viaja en tren cómodamente sentado junto a la ventana suele haber, al menos, tres opciones: contemplar al resto de viajeros, mirar el paisaje por la ventanilla o leer un buen libro. Las tres protagonistas de la entrada de hoy decidieron mirar por la ventanilla y se metieron en líos.

En 1945 el director americano Charles David dirigió la película The Lady on a Train (La chica del tren) protagonizada por Deanna Durbin. El guión se basó en un relato de Leslie Charteris, conocido por su serie sobre Simon Templar “el Santo”. Una mujer viaja en tren y es testigo desde la ventanilla de su compartimiento de un asesinato en un edificio próximo a la vía. La policía no le hace caso y la joven recurre a un popular escritor de novelas de misterio para que le ayude a resolver el crimen.


Agatha Christie publicó en 1957 la novela 4.50 from Paddington (El tren de las 4:50). Una amiga de la entrañable miss Marple ve desde la ventanilla de su compartimiento un asesinato que se produce en el tren que en aquel comento está circulando en paralelo con el suyo. La policía da poco crédito a su denuncia y será la inefable anciana quien resuelva el misterio. Las similitudes entre los dos argumentos son más que evidentes por mucho que el primero se sitúe en la colonia rebelde y el segundo en la metrópoli. Hay varias versiones para el cine y la televisión de este relato. La más reciente es de 2004, dirigida por Andy Wilson y con Pam Ferris en el papel de Elspeth McGillicuddy.

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Con un título muy parecido al de la película de Charles David, The lady on the train (La chica del tren), la escritora británica Paula Hawkins consiguió un bestseller en 2016. De nuevo, la protagonista es una mujer que viaja en tren y mira por la ventanilla. En este caso, la protagonista coge cada mañana el mismo tren de cercanías, que hace la misma parada ante la misma luz roja. Cada mañana ve a una pareja desayunando en su casa, les pone nombres y fantasea sobre ellos hasta que llega un día que ve algo que desencadena el drama.
El tren se vuelve a poner en marcha con una estridente sacudida, la pequeña pila de ropa desaparece de mi vista y seguimos el trayecto en dirección a Londres con el enérgico paso de un corredor. Alguien en el asiento de atrás exhala un suspiro de impotente irritación; el lento tren de las 8.04 que va de Ashbury a Euston puede poner a prueba la paciencia del viajero más experimentado. El viaje debería durar cincuenta y cuatro minutos, pero rara vez lo hace: esta sección de las vías es antigua y decrépita, y está asediada por problemas de señalización e interminables trabajos de ingeniería.
El tren sigue avanzando poco a poco y pasa por delante de almacenes, torres de agua, puentes y cobertizos. También de modestas casas victorianas con la espalda vuelta a las vías.
Con la cabeza apoyada en la ventanilla del vagón, veo pasar estas casas como si se tratara del travelling de una película. Nadie más las ve así; seguramente, ni siquiera sus propietarios las ven desde esta perspectiva. Dos veces al día, sólo por un momento, tengo la posibilidad de echar un vistazo a otras vidas. Hay algo reconfortante en el hecho de ver a personas desconocidas en la seguridad de sus casas.

Ya saben, si quieren evitarse problemas, suban al tren con un buen libro o una buena película en la tableta, incluso pueden escoger una obra en la que una mujer mire por la ventanilla del tren en que viaja.

miércoles, 1 de junio de 2016

Cantando a las estaciones

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La lista de canciones de tema ferroviario es enorme, pero no son tantas las que hablan de una estación o reflejan el ambiente de alguna de ellas. Las encontramos en todas las lenguas y con todo tipo de temas. He aquí cuatro ejemplos de lo más dispar. Las tres primeras son convencionales, no se pierdan la sorpresa de la última.

Johnny Cash puede encabezar la lista con Destination Victoria Station, un tema de 1975 que se inscribe en la larga tradición de música country de tema ferroviario.
De pie en la estación
estoy mirando los paneles
Los indicadores no dicen nada
que aligere mi pesar
Es su destino Victoria Station?
Donde los trenes van y vienen
Donde los trenes van y vienen
El nombre de su padre era Casey
ella vivía vía bajo
Sé que nació para vagar,
pero yo creía que volvería
Destino Victoria Station.
Donde los trenes van y vienen
Donde los trenes van y vienen
Destino Victoria Station.
Le pregunté a un viejo revisor
que llegó de la costa:
¿Vió a una señorita menuda
que parecía como si me echase de menos?
Destino Victoria Station.
Donde los trenes van y vienen
Donde los trenes van y vienen
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Unos años antes, en 1967, el cantautor francés Léo Férre incluia la canción Les gares, les ports en el álbum Cette Chanson, que crea un ambiente completamente distinto. La letra tiene un punto de surrealismo y sorprenden las referencias a la SNCF y a la RENFE.
Las estaciones son estúpidas
excepto para la vista.
En el humo,
ciudades perdidas
y pañuelos
que extienden su nariz
a las despedidas
a lo largo de los andenes
Las estaciones son estúpidas
S.N.C.F.
Yo prefiero los trenes
de la R.E.N.F.E.
y los libros
que no tienen horario
que pasan bajo la
luz familiar.
(...)
 Y ya que el cantante francés ha citado a la Renfe, cruzamos los Pirineos. En 1980 el también cantautor Joan Isaac grabó A l’Estació de França en su LP Barcelona Ciutat Gris. Ahora la letra tiene la clara intención de presentarnos la estación como un escenario donde se refleja fidedignamente el pulso social de la ciudad. Puede escucharse aquí.

En la Estación de Francia
hay humo y vías muertas,
y dos marinos que huyen
con paso angustiado.
Hay amantes que se despiden
y alguien que vuelve a casa
y gente del sur que parte
a buscar la suerte.
(...)
En la Estación de Francia
hay putas que se pasean,
y gente que viene de Argelia
que se vende la sangre y el nombre.
Hay contrabandistes
que muestran mil Relojes,
perfumes venidos de Asia,
cartonés de tabaco rubio.
Y para acabar, una canción desaforada en español que puede herir la sensibilidad del aficionado ferroviario. Se trata del tema Demolición, de 1964, de Los Saicos. Este curioso grupo peruano tuvo una vida artística muy corta, pero fue considerado precursor del punk. Demolición se convirtió en un referente del rock peruano que no ha dejado de ser versionado por bandas de todo el mundo, incluidos ellos mismos cuando se reencontraron para tocar en los años diez. El tema reza tal que así:
Ta ta ta tatattayyayayayayayyaa
echemos abajo la estacion del tren
echemos abajo la estacion del tren
echemos abajo la estacion del tren
echemos abajo la estacion del tren
demoler demoler demoler demoler
echemos abajo la estacion del tren
demoler demoler la estacion del tren
demoler demoler la estacion del tren

Uno se pregunta qué mala experiencia tuvieron estos chicos con el ferrocarril, en cualquier caso puede encontrarse aquí en su versión original.

lunes, 16 de mayo de 2016

Caminos de hierro 2016


Esta serie de la fotógrafa rusa Nataliya Kharlamova (1978) titulada Train to Siberia ha ganado la 28ª edición del certamen fotográfico Caminos de hierro convocado por la Fundación de los Ferrocarriles Españoles. El valor de esta serie de fotografías yace en la invisibilidad del fotógrafo, propia de quien ha invertido tiempo y respeto en los espacios que fotografía. Además, se suma el mérito de haber fotografiado sin la posibilidad de planificar espacios, acciones y tiempos, circunstancia que dota las imágenes de un ambiente veraz con el que cualquier espectador puede imaginar sensaciones, olores, emociones, es decir, historias globales, más allá de la propia imagen.

Le pregunté a Natasha Kharlamova qué aspecto del ferrocarril llamaba más su atención al acercarse a él como fotógrafa y la respuesta fue absolutamente concordante con la serie con la que ha ganado el premio: “La gente es el tema que más me interesa como fotógrafa. Así que, ante todo, los trenes me interesan como lugares donde puedo observarla. Especialmente los coches de segunda clase de los trenes rusos donde puede haver 54 pasajeros viajando muy juntos en un espacio común durante varios días.


El segundo premio ha sido para Niebla, kilovatios y velocidad del argentino afincado en España Alejandro Caporale (1972). El aspecto fantasmagórico de la fotografía dista mucho de las tendencias saturadas, brillantes y súper enfocadas del retoque fotográfico que se lleva ahora influenciado por el mundo publicitario. Entre la fotografía de arquitectura y la de paisaje, establece un diálogo interesante entre el elemento natural, casi inválido en una esquina, y la imponente obra de hormigón de líneas rectas del viaducto.


El premio Autor Joven ha sido para la obra Búsqueda de la fotógrafa vasca Sara Berasaluce Duque (1992). Presenta un interesante juego de perspectivas, geometrías y un punto de fuga muy activo que invita a repasar a todos los personajes que aparecen en la fotografía. La iluminación clara del personaje femenino y su mirada acaba reclamando la atención del espectador porque sugiere un viaje íntimo y con un punto de nostalgia, un instante único que comunica toda una historia particular. Los colores asépticos y el ambiente impersonal, característico de un no-lugar como es un tren, contribuyen a lograr este efecto. 

Por los que respecta a los accésits, esta es la elección del bloguero, realizada con criterios de pura afición por el arte ferroviario:


La fotografía de Max Álvarez, que recoge el ensimismamiento de los viajeros, nos hace pensar en el fotógrafo japonés Daidō Moriyama del que hemos hablado muy recientemente.


La fotografía de Wilhem Scholz es atractiva por la composición, punto de fuga y geometrías. El tema parece a las antípodas de la obra de Weber, también referida en este blog.


Suspended de Simone Maestra tiene el encanto de, por un lado, ofrecernos una mirada elegante del tren y del puente y, por otro, el de ser una fotografía que hace pensar en un alzado de un plano técnico.

Al concurso, dotado con 16.000 euros, se han presentado 5.045 fotografías de 2.183 autores procedentes de 46 países, lo que supone un incremento del 100% tanto en número de fotografías como de participantes y países de procedencia de los mismos en relación a la edición anterior. Asimismo, en esta edición las fotografías se han presentado por primera vez en formato digital y, una vez realizada una selección, los autores elegidos las han enviado en formato papel.

Las obras podran verse durante un año en distintas ciudades de la península.

Esta entrada del blog ha sido redactada con la imprescindible e inestimable colaboración de la realizadora y fotógrafa Núria Nia.


martes, 3 de mayo de 2016

La despedida del maquinista Odd Horten

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El protagonista de la película O’Horten (2007), del director noruego Bent Hamer, es el maquinista Odd Horten (Bard Owe), que toma la jubilación forzosa con 67 años y cuarenta de servicio. La película empieza con su último servicio Oslo – Bergen – Oslo y la fiesta de despedida que le ofrecen en la asociación de maquinistas, que incluye un concurso de reconocer sonidos ferroviarios y el saludo de guerra de sus miembros que puede verse en el video.

La cinta tiene un ambiente naif y lleno de ternura hacia un hombre al que acaban de jubilar de una profesión que es todo su mundo. Vemos sus paseos por la ciudad de Oslo durante los cuales recupera recuerdos infantiles, sabe de la muerte de viejos conocidos, hace amistades insólitas y, como no podía ser de otra manera, no puede resistirse a acudir al depósito a visitar las locomotoras. Poco a poco, Odd Horten va aprendiendo a disfrutar de su nueva situación y hace pequeñas locuras impensables cuando trabajaba, la más importante, ir al encuentro de la casera de la pensión en que pernoctaba en Bergen.

Valga este post como un guiño de agradecimiento a Pilar Lozano, que acaba de jubilarse como directora de la revista Vía Libre de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles.

lunes, 18 de abril de 2016

Terror en las líneas de metro


Kontroll (2003), del director húngaro Nimród Antal y que obtuvo premios en los certámenes de Cannes y Chicago, narra las aventuras y desventuras de los revisores del metro de Budapest, sus enfrentamientos con los pasajeros incívicos, sus problemas laborales y la rivalidad entre ellos. Los revisores se encuentran atrapados entra la picaresca de los que pretenden viajar sin billete y las decisiones de unos jefes a los que nunca ven y que controlan el sistema desde sus pantallas. Además, el mundo subterráneo está poblado por personajes inquietantes, como un demente que rocía con spray a los revisores en nombre de la Sociedad de Liberación de los Pasajeros, una mujer que viaja disfrazada de oso, un asesino y tipos similares. Más allá del argumento, que se sostiene por sí mismo, la película puede verse como una parábola de la tensión social en el país. 

Antes que en Kontroll, este uso ya se vio, por ejemplo, en The Warriors (1979, Los amos de la noche), pero mientras en estas dos películas existe una clara intención de analizar un contexto social determinado, en muchas otras los túneles del metro son puro escenario para películas de terror sangriento o directamente tipificables como gore. Algunos críticos quieren ver en este tipo de cintas un reflejo del malestar de las nuevas generaciones, sea eso o sea pura casquería, estas películas, que pasaron con discreción por la gran pantalla, se han convertido en cintas de culto en ciertos grupos de afición.


Death Line (1972, Sub-humanos - Raw Meat) tiene un argumento tan sabroso como el siguiente: en los recovecos de los túneles del metro londinense vive un grupo de caníbales que son descendientes de los obreros victorianos que quedaron enterrados vivos durante su construcción. Un inspector trata de descubrir el origen de esta gente y poner freno a su forma de vida.



La canadiense End of the Line (2007), de Maurice Devereux tiene como único argumento la acción de un grupo de miembros de una secta cristiana que, para salvar a los ciudadanos del inmediato apocalipsis, les asesinan con sus puñales en forma de cruz para que su alma se salve y no sea capturada por los demonios. Toda la cinta trascurre en el metro: coches, cabinas de conducción, espacios de trabajo de los ferroviarios, salas de control, túneles de maniobra. Todo con un punto de inverosimilitud.


Más inverosímil todavía es Midnight Meat Train (El vagón de la muerte) del estadounidense Ryuhei Kitamur. Un fotógrafo que intenta captar el lado oscuro del ser humano sigue la pista de un supuesto asesino en serie cuyas víctimas suelen viajar en el último metro. Para evitar el expolio, diremos solamente que el último convoy de la jornada está equipado con un coche-matadero, matadero humano, claro, y que todo está organizado, con conocimineto de las autoridades, para servir a una secreta finalidad.


Visto lo visto, quizás fuera hora de que alguna película reflejara la comodidad, la luminosidad, el espacio y la eficiencia de los metros que, en las grandes ciudades del mundo, resuelven con eficiencia los retos del transporte de viajeros. 

viernes, 1 de abril de 2016

Las inquietantes fotografías ferroviarias de Daidō Moriyama


Daidō Moriyama (Osaka 1938) es un reconocido fotógrafo japonés. El tema principal de su obra es el cambio de valores en Japón después de la Segunda Guerra Mundial. Sus fotografías muestran la parte oculta de las ciudades, tanto aquello que se esconde, como el comportamiento anónimo e inconsciente, pero significativo, de los ciudadanos. Los ambientes urbanos, los paisajes, los bares, los prostíbulos, los teatros y las estaciones de tren parece que tengan siempre un halo de misterio, como si escondieran secretos, y los actores, conductores, escolares, viajeros y transeúntes parecen que recelan de algo invisible. Este efecto lo consigue, no sólo escogiendo el tema, sino también por el uso del grano grueso, el desenfoque y el centrar la composición de manera desequilibrada.


Las estaciones, los trenes y los viajeros han merecido la atención de Moriyama, y no podría ser de otro modo dada la importancia del tren y del metro en las ciudades japonesas.  Sus paisajes ferroviarios y sus fotos de estaciones ponen el acento en las vías, como si le interesara más su destino que el paisaje que recorren. 


Los convoyes son tomados a contraluz, de manera que las columnas de vapor y humo y la luz que cruza por las ventanillas de los coches son más relevantes que las locomotoras y los vagones. 


Sus imágenes de interiores de trenes y metros al anochecer muestran a viajeros durmiendo...


... con cara de cansados o con una expresión tan desesperanzada en el rostro que el espectador se pregunta si realmente quieren volver a casa. 


Pero no todo es sórdido en sus fotos, en su deambular incansable por andenes y convoyes, siempre hay un momento para captar la mirada ilusionada de una adolescente...


... o las atractivas piernas de una viajera.


Web oficial de Daidō Moriyama: http://www.moriyamadaido.com/

lunes, 7 de marzo de 2016

El fenómeno del otaku enamorado


Tokio, un joven de 23 años regresa en tren del barrio de Akihabara donde ha efectuado varias compras. Es un otaku, es decir, un aficionado compulsivo, en este caso, al manga. En el trayecto, se prenda de una chica que viaja sentada delante de él. Un borracho irrumpe en el vagón y molesta a los pasajeros, especialmente a las mujeres. Nuestro protagonista se arma de valor y se enfrenta al hombre para que deje de acosar a la chica que le ha embelesado, recibe un golpe. Intervienen los eficientes empleados ferroviarios y acaban todos en comisaría para el atestado. La chica le pide al chico que le dé su dirección y, días después, recibe como regalo de agradecimiento un par de tazas de porcelana fina.

A partir de aquí se desencadena la historia que triunfó en el Japón. Cómo el joven se ha pasado la vida encerrado en sus estudios, en su trabajo y en su habitación, no tiene la más remota idea de cómo debe responder al detalle de la chica y pide ayuda en su foro habitual de Internet. Desde ese momento todos sus interlocutores, una fauna de lo más variopinta, se volcarán para darle consejos de todo tipo para conseguir que triunfe la relación entre “tren” y “hermès”; estos son los apodos que les ponen en la red, a él por el lugar de su enamoramiento, a ella por la marca de las tazas que le regala. Se supone que se trata de una historia basada en hechos reales.

Esta historia dio de sí para una novela, 電車男 (2004, El hombre del tren) de Nakano Hitori, 


la película Densha otoko (2005, Train Man) dirigida por Shôsuke Murakami, 


una serie de televisión de once episodios (2005),


 y cuatro adaptaciones distintas en manga de la que se ha traducido al español la de Hedinori Hara (Editorial Glénat).


¿Qué puede tener de especial una historia como ésta para que tenga semejante éxito? ¿Lo tendría en otro país? ¿Tan relevante es el tren en ella? Vayamos por partes.

La edad del protagonista no es casual. La edad media de iniciación sexual en el Japón está precisamente en 23 años. Cada vez son más los jóvenes que prácticamente no hacen otra cosa que trabajar y dedicar el escaso tiempo libre de que disponen a sus aficiones. Cuando se trata del manga, del anime y de todo el mundo que lo rodea no es de extrañar que pasen muchas horas solos, se relacionen mayoritariamente a través de la red y, ocasionalmente, acudan a una concentración de cosplay de su manga favorito.

Que la historia se inicie con un acoso en el tren, tampoco es casual. Uno de los problemas que se dan en algunas líneas es precisamente este, lo que ha llevado a reservar vagones exclusivos para mujeres en horas punta. Isabel Coixet lo reflejó en Mapa de los sonidos de Tokio (2009) y hablamos en el post anterior de cómo esta lacra da tema al manga y al anime "para adultos".

Desde el punto de vista ferroviario, todas las manifestaciones transmedia del fenómeno ponen de manifiesto la importancia de los trenes de cercanías en la metrópolis japonesa. No es sólo que su red sea imprescindible para que Tokio no se colapse, sino que es de los pocos lugares donde perfiles tan distintos como los de “tren” y “hermès” pueden acabar en contacto. Para ello, claro, hay que romper las barreras comunicativas, cosa que sólo ocurre en circunstancias excepcionales, circunstancia que el cómic refleja magníficamente. Una vez más, pues, nos encontramos ante una obra de creación que caracteriza el ferrocarril como lugar de encuentro y propicio para la comunicación... y el romance.

lunes, 22 de febrero de 2016

El ferrocarril en el manga y el anime


Si lo tiene en la literatura y en las artes plásticas, no es de extrañar que el ferrocarril también tenga un lugar en el mundo del cómic japonés, el manga. Muy vinculado al manga está el anime, palabra con la que se designan los dibujos animados japoneses que, en muchas ocasiones, son versiones para la pantalla de series de manga de éxito. 

Manga y anime toman de la literatura el uso del ferrocarril como escenario acotado y su presencia constante e imprescindible en la sociedad japonesa. En el tren o en la estación de cercanías estalla la furia del oficinista insatisfecho, se despliega la fantasía de la jovencita enamoradiza o salva a los pasajeros el héroe que neutraliza un atacante.

De las artes plásticas, uno o otro heredan un tratamiento de los convoyes y las estaciones caracterizado por el realismo, el rigor y la fascinación. Pueden coleccionarse las viñetas y las escenas como quien recopila imágenes reales o técnicas de los distintos trenes japoneses.

La saga Rail Wars! merece especial atención porque es un ejemplo de todo lo indicado anteriormente. Nació como novela ligera en 2012 escrita por Takumi Toyoda (9 entregas). El mismo año empezó su adaptación al manga con dibujos de Keiji Asakawa (3 volúmenes) y en 2014 se versionó en anime (12 episodios).

La serie narra las aventuras de un joven que sueña, como muchos, en ser maquinista de tren y que ingresa en la escuela ferroviaria de Tokio. Será destinado a la unidad de seguridad formando equipo con dos chicas y otro chico y tendrá que intervenir en todo tipo de situaciones de riesgo, sea por accidentes sea por amenazas exteriores, al tiempo que lidia con los problemas del corazón propios de su edad.

A los ojos del lector y espectador europeos, las historias adolecen de cierta mojigatería, pero producen fascinación por lo que al tratamiento del ferrocarril se refiere. Ambos aspectos tienen su justificación, el primero debe contextualizarse en los usos y costumbres de la sociedad japonesa en lo que se refiere a la relación entre los dos sexos, y, lo segundo, en el orgullo que esta misma sociedad siente por su ferrocarril. Esto se traduce en unos dibujos que reflejan, como se ha indicado, los detalles constructivos y operativos con rigor y embeleso.


Otro ejemplo, que además muestra que el vínculo entre tren y manga viene de lejos, lo encontramos en la serie Galaxy Express 999 (1977). Narra las aventuras de un joven huérfano que quiere conseguir un pasaje para el Galaxy Express 999, un tren un expreso terrestre convencional que circula por las galaxias y que sólo para en la tierra una vez al año; el objetivo del chico es llegar a la galaxia de Andrómeda y conseguir un cuerpo mecánico. El éxito de la serie llevó a Seibu Railways a decorar en 2014 uno de sus convoyes con sus ilustraciones.


En el Japón existe un notable fetichismo sobre mantener actividades eróticas en los trenes, que incluye el abordar o ser abordado por desconocidos en vagones del metro o de cercanías. Existe un amplio mercado de manga y anime para adultos que tiene el exhibicionismo, el intercambio espontáneo o el acoso en el tren como tema central o único. Uno de los muchísimos ejemplos podría ser Disfrutando del tren (2013) de Nakata Modem, que cuenta la simple y explícita historia de un estudiante de instituto que cada día se encuentra con la misma chica, un poco mayor que él, que se ha propuesto iniciarle durante el trayecto aprovechando que la aglomeración de la hora punta les obliga a estar muy cerca uno de otro.



El anime no directamente de tema ferroviario ha dejado escenas inolvidables con trenes, como es el caso de Steam Boy (2004) de Katsuhiro Ôtomo con sus trenes de vapor victorianos locales o El viento se levanta (2013) de Hayao Miyazaki con una escena que muestra los efectos de un terremoto en un tren circulando.
 

Cinco centímetros por segundo (2007) de Makoto Shinkai describe la relación entre dos adolescentes en la que el tren tiene un papel relevante, y como tal es tratado en, por ejemplo, el detalle en las estaciones o el interior de los convoyes.


El aficionado ferroviario que no conozca el manga y el anime no quedará decepcionado si hace el paso de adentrarse en esta manifestación cultural que, al mismo tiempo, nos es lejana y próxima, lo primero por la distinta escala de valores sociales, lo segundo por el papel que ha tenido el ferrocarril en su cultura.





lunes, 1 de febrero de 2016

Raíles de agua, la selección del bloguero

Lydia Cuevas - Nuevas emociones 
La Fundación de los Ferrocarriles Españoles presenta estos días una exposición de acuarelas que tienen como tema el ferrocarril. Las obras presentan una notable variedad de enfoques y utilizan técnicas diversas, aunque la mayoría se inscriben dentro del neoimpresionismo.

La acuarela actual, en términos generales, se caracteriza por la sensación de frescor que produce, por la poca insistencia en el trabajo pictórico, por una factura llena de espontaneidad, transparencia, minimalismo, etc., sin dejar de lado, claro está, la ilusión de profundidad, la captación de la luz, la transmisión del ambiente y la composición.

Este bloguero, después de contemplar las 24 acuarelas expuestas y aplicando los criterios anteriores, se permite destacar aquí su selección personal.

Camilo Huéscar - Gato disfrutando de la hora mágica
Manolo Jiménez - Baldwin
Carlos Oliva - Estación del Norte 1935
Estas cuatro obras responden a los parámetros indicados, aunque en la selección han influido, obviamente, criterios subjetivos. En todas ellas es interesante comprobar como las nuevas ideas pictóricas se ajustan perfectamente a cualquier tema ferroviario: el tratamiento de los amplios espacios de las nuevas estaciones de Lydia Cuevas, el cambiante paisaje urbano entorno a las vías férreas de Camilo Huéscar, las centenarias estructuras acogiendo lo preservado y lo nuevo de Manolo Jiménez y el siempre fascinante ambiente del vapor de Carlos Oliva.


Los artistas que participan son: Jorge Akerman (Vigo), Enrique Alda (Madrid), Isabel Alosete (Madrid), Juan Ramón Alves (León), Luis Cámara (Madrid), Emilio Cárdenas (Valencia), Aurora Charlo (Zaragoza), Joan Coch (Sabadell), Lydia Cuevas (Orthez, Francia), Cesc Farré (Terrasa), Anais García (Cuenca), María Gloria Giraldo (Albacete), José Miguel González (Madrid), Ana Grasset (Madrid), Camilo Huescar (Villanueva de la Fuente, Ciudad Real), Manolo Jiménez (Guadix, Granada), Társila Jiménez (Madrid), Idoia Lasagabaster (Bilbao), José Luis López ‘Kubi’ (París, Francia), Pablo Rubén López Sánz (Madrid), José Manuel Méndez (Mundaka), Carlos Oliva (Valencia), Jacques Villares (Cormeilles-en-Parisis, Francia) y Javier Zorilla (Madrid).


lunes, 18 de enero de 2016

Los ferrocarriles en la literatura japonesa

Portada característica de Kyotaro Nishimura
El impacto social y geográfico del ferrocarril en Japón fue muy parecido al que el nuevo medio de transporte produjo en Europa, es decir, las vías del tren tuvieron que encontrar su camino entre las redes fluviales y de carreteras, y las estaciones, hacerse un espacio en las ciudades. En Europa y en Japón la red ferroviaria se integró en el tejido existente, mientras que en América o Australia, el ferrocarril construyó o amplió los países con su avance. Esto explicaría que el tratamiento del ferrocarril en la literatura japonesa, o al menos en la que nos ha llegado traducida, sea similar al que se le da en la europea.

Tomemos como ejemplo uno de los autores japoneses más traducidos a raíz de ser Premio Nobel de literatura en 1968: Yasunari Kawabata (1899-1972). El tren aparece en muchos de sus relatos y novelas como el medio de transporte más conveniente y confortable. Éste es el inicio de Lo bello y lo triste (1964):
Eran seis las butacas giratorias que se alineaban sobre el lado opuesto del vagón panorámico de aquel expreso a Kyoto. Oki Toshio observó que la del extremo giraba en silencio con el movimiento del tren. No podía quitar los ojos de ella. Las butacas de su lado no eran giratorias.
Estaba solo en el vagón panorámico. Hundido en su asiento observaba los movimientos de la butaca del extremo. No giraba siempre en la misma dirección ni con la misma velocidad: a veces se movía con más rapidez, otras con más lentitud y hasta se detenía y comenzaba a girar en dirección contraria. Al contemplar aquel sillón giratorio que se movía ante sus ojos en un vagón desierto, Oki se sintió solitario. Los recuerdos comenzaron a aflorar en su memoria.
El expreso a Kyoto le pareció el medio más indicado, porque partía de Tokyo y de Yokohama a primera hora de la tarde y llegaba a Kyoto al anochecer. A la vuelta partía de Kyoto en las primeras horas de la tarde. Siempre viajaba a Kyoto en aquel tren. La mayoría de las azafatas de los vagones de primera lo conocían de vista.

Expreso Kuha 181 en Lo bello y lo triste

Oki Toshio viaja solo y el tren se convierte en espacio para la reflexión y el recuerdo, pero Kawabata también lo presenta como un lugar propicio a la aventura en el relato de 1928 La búsqueda de una mujer, o como espacio en el que erotismo está siempre al acecho como en Los huesos de Dios (1927):
El estudiante de medicina estaba viajando en la línea del Ferrocarril de la Gobernación, cuando la cajita de cenizas que llevaba en el bolsillo fue aplastada por los macizos muslos de una estudiante linda como un lirio, arrojada contra él por una sacudida del tren. Se dijo «Creo que me casaré con esta muchacha». Y quedó encendido con una intensa lujuria.
Cercanías electromotor en Estación de lluvia

Kawabata también utiliza el ferrocarril para hacer brillantes comparaciones. En Estación de lluvia (1928) el torniquete de acceso a las vías es visto como “la puerta de una enorme prisión social” y los hombres que toman cada día el tren de cercanías para acudir al trabajo son descritos como “condenados a una cadena perpetua.” En la ya citada Lo bello y lo triste sorprende con esta asociación de ideas del protagonista: “Desde algún lugar situado allende las Colinas Occidentales llegó el silbato quejoso y prolongado de un tren que entraba o salía de un túnel. Oki no pudo menos que pensar en el débil llanto de un recién nacido...”

Cuando pensamos en novelas japonesas con trenes es inevitable recordar las características portadas de Kyotaro Nishimura (1930) como la que encabeza esta entrada. Nishimura es un popular escritor de novela negra que ha publicado una ingente cantidad de novelitas ambientadas en líneas y trenes diferentes; se trata de lectura rápida, casi de usar y tirar. Algunas de ellas han sido traducidas al inglés, como The Mystery Train Disappears (1982). Nishimura no es una excepción porqué las compañías han promovido que exista al menos una novela ambientada en cada una de las ramas del Shinkansen. La mayor parte de ellas tratan de desapariciones o asesinatos y, en algunos casos, el tren de alta velocidad es sólo el gancho inicial del relato.


Expreso Kuha 481 en The Mystery Train Disappears


Y si los convoyes y la vida de los pasajeros en su interior son protagonistas en muchas literaturas, en el caso del Japón también lo son las estaciones por el hecho de marcar la centralidad de los núcleos de población. El conocido autor Haruki Murakami (1949) justifica que el protagonista de su novela Los años de peregrinación del chico sin color (2013) con un pasaje magnífico del que hablamos en el post de 4 de diciembre de 2013 conmotivo de su aparición.


Estación de Shinjuku en Los años de peregrinación del chico sin color