viernes, 16 de junio de 2017

Publicidad con inspiración ferroviaria III



Hemos visto cómo la imagen del ferrocarril se ha usado para hacer publicidad de los productos más diversos (quesos, relojes, bebidas alcohólicas, máquinas de escribir, fármacos…). El tabaco también forma parte de esta lista.


En 1935 la marca Pacific requirió los servicios de Cassandre para sus diseños


Algunas compañías han fabricado cajetillas de cigarrillos con trenes en la ilustración, pero el vínculo entre tabaco y ferrocarril va más allá. Cuando se hace un largo viaje en tren, fumar mientras se contempla el paisaje por la ventanilla, se lee o se conversa con algún otro pasajero es una acción clásica que los fabricantes de tabaco han utilizado. Algunos de ellos elaboraron productos de tabaco y campañas publicitarias destinadas a estimular su consumo en el interior de los coches.


El vínculo no sólo se ha establecido con el tabaco, también con el papel de liar, como puede verse en este diseño de Bellak de 1926.


En las cerillas, tampoco podía faltar:


Fumar en los coches tiene sus efectos secundarios, y así lo reflejaba esta ilustración humorística de The Brooklyn Daily Eagle de 1906.


Afortunadamente, hoy no se puede fumar en los trenes y el símbolo que lo indica es visto con agradecimiento por la gran mayoría de viajeros.


viernes, 2 de junio de 2017

Trenes en videojuegos de guerra


Es habitual que aparezcan trenes en los videojuegos ambientados en la Segunda Guerra Mundial, lo que se corresponde con la importancia estratégica que tuvieron en su desarrollo. De entre ellos cabe destacar la saga Sniper Elite de la compañía británica Rebellion Developments. Pertenece a la categoría de tiradores en primera persona y el protagonista es un agente de la OSS americana que en sus sucesivas campañas debe apoderarse de los avances científicos estratégicos de los alemanes. Para ello deberá enfrentarse tanto a los soldados alemanes como a los rusos que van tras los mismos secretos.

En muchos episodios aparece el ferrocarril: como medio de transporte de suministros, como plataforma de cañones, como convoyes especiales que transportan componentes de alta tecnología nuclear o como simple elemento del paisaje. Por el detalle en el dibujo y por su disposición en el conjunto, pude aventurarse que el director de arte del videojuego era un amante del ferrocarril. No podemos saberlo con certeza, pero podemos recrearnos con sus realizaciones.









martes, 16 de mayo de 2017

El Viaje (en tren) y El Escritor - Castillo & Flores


Hasta el mes de octubre de 2017 puede verse en el Centro Cultural Conde Duque de Madrid una exposición que resulta fascinante para el aficionado ferroviario, especialmente si cultiva las vertientes pictórica y literaria.

Así se presenta la exposición:
A partir de una idea del historiador Fernando Castillo pintada por el artista Damián Flores, el objetivo de la exposición es mostrar, a través de los viajes realizados por una selección de escritores, la existencia de una red cultural entre las principales ciudades del continente europeo en una época, la de entreguerras, de profundas transformaciones políticas, sociales y artísticas.
Esta interconexión se logró gracias al ferrocarril, auténtico instrumento de comunicación entre los núcleos de agitación cultural y artística que eran las ciudades, y tan protagonista de la exposición como el grupo de escritores. Aparecen así locomotoras históricas o estaciones cuya arquitectura las convierte en auténticos templos de la modernidad.
Para cada autor podemos ver su retrato ante un tren, ante la fachada de una estación, en un vestíbulo, un andén o incluso ante una infraestructura ferroviaria. Juanto al cuadro, un texto del autor sobre la ciudad en la cual ha sido pintado.


 Puede descargarse el pdf del catálogo completo de la exposició. De él hemos extraido estos ejemplos:


LISBOA

Fernando Pessoa
“Si tuviese que inscribir, en el sitio sin letras de la respuesta de un cuestionario, a que influencias literarias estaba agradecida la formación de mi espíritu, abriría el espacio punteado con el nombre de Cesário Verde, pero no lo cerraría sin inscribir los nombres del patrón Vasques, del dependiente Vieira y de Antonio, el mozo de la oficina. Y a todos les pondría, con letras magnas, la dirección clave: LISBOA”.
“Hay momentos, sobre todo en los mediodías de estío, en que en esta Lisboa luminosa, el campo, como un viento, nos invade. Y aquí mismo, en rua dos Douradores, tenemos el sueño bueno”.
“Cuando vine por primera vez a Lisboa, había, en el piso de encima de donde vivíamos, un sonido de piano tocado en escalas, aprendizaje monótono de la señorita que nunca vi”.
Libro del desasosiego

ROMA

Josep Pla
“Roma, que en invierno es una ciudad llena de color, de cualidades sabrosas y finas, se convierte en el verano, durante el día, en una explosión de luz blanca de una monotonía y de una implacabilidad abrumadora. La luz parece aspirar el color de las piedras venerables, que están cubiertas de una ligera costra de arena fina [...] El cielo, incluso los días de viento sur, es de un azul evaporado, desvaído, un azul que muere en un blanco brillante. La soledad, el vacío del cielo, es constante: toda amenaza de nubes es absorbida en la gran bóveda blanca en la que centellean puntos de luz metálicos hormigueantes como chispas”.
Obras completas, Vol 36 pp. 540-541


PARÍS

Ramón Gómez de la Serna

“En París sufrí todo lo que se sufre en París, por más que se lleve a la gran ciudad un vivo haz de voluptuosidades descontentas y la ansiedad de ver aquellas albas que duran todo el día”.
“Todo me llegó a apenar, hasta el espectáculo que se goza desde el Arco del Triunfo, y en que, ya apagada la ola verde de los automóviles, solo queda la visión de las lucecitas de sus mil faroles que como una ráfaga de fuegos fatuos, ascienden y descienden por la ancha rampa”.
“Inventé allí, para ver si reaccionaba contra el medio negro, una tertulia literaria en un pequeño café de Montparnasse, La Consigne, donde la consigna era amistad y conversación; pero todo fue inútil, aunque logré
reunir un numeroso grupo de españoles y sudamericanos en fraterna unión”.
Automoribundia



lunes, 1 de mayo de 2017

Jugarreta de Regoyos en la Thyssen de Málaga


Para el aficionado al arte de tema ferroviario, Darío de Regoyos significa óleos con trenes. Cuando se visita la colección permanente de Carmen Thyssen en Málaga pueden cuatro obras de este pintor. La primera que aparece ante los ojos del visitante es Los almendros en Flor (1905), un óleo sobre tela que el QR correspondiente describe como “una escena del litoral mediterráneo español en los meses de enero o febrero, desconociéndose la localización exacta del lugar representado, correspondiente a Castellón de la Plana, zona a la que se desplazó en 1905, cuando residía en San Sebastián.” 

Ante nosotros se extiende el campo con los almendros, después el río, a continuación una nueva franja de tierra y, al fondo, el mar; pero el aficionado ferroviario, con su incontenible obsesión fija su mirada en lo que pudiera ser el humo de una locomotora que circulase por la franja de tierra más lejana. Se acerca al cuadro para intentar distinguir el convoy junto al horizonte y, oh desilusión, descubre que el supuesto humo de locomotora es una nube de forma caprichosa, con un apéndice final que baja hasta el suelo. El aficionado da dos pasos atrás, saborea el cuadro y pasa al siguiente convencido de que Regoyos le ha dado a la nube esa forma tan particular para hacerles una jugarreta a los fanáticos de los trenes.


Más adelante, aparece ante los ojos del visitante El paso del tren (1903), del que el QR nos dice que “es una escena que se ubica en Ategorrieta, cerca de San Sebastián, y que fue llevada a cabo en otoño del mismo año en el que Darío de Regoyos se trasladó a esta ciudad desde Irún.” El aficionado da ahora un salto de alegría al reencontrarse con viejo conocido, visto mil veces en reproducciones, pero que no sabia que vivía aquí en Málaga. Juan San Nicolás, que es quien firma las descripciones de las obras a las que dan acceso los QR, dice muy acertadamente:
Por otro lado, desde sus comienzos como pintor sintió un atractivo especial por los temas ferroviarios, realizando decenas de cuadros con esos motivos y mostrando en todos ellos una enorme capacidad para captar el humo del tren, como sucede en este óleo, que sirve además para indicar el movimiento del convoy sin tener que representar la locomotora. La razón de ello quizá residiera en impedir que la máquina rompiese con su presencia la armonía natural del paisaje, considerando que los vagones de madera eran menos dispares.
(...)
Finalmente, recoge también en este cuadro la vida cotidiana. Dos mujeres contemplan el paso del tren, reflejando la curiosidad o el deseo de viajar y la monotonía de los lugares alejados de los centros urbanos.
El especialista se equivoca un poco cuando dice que Regoyos indica “el movimiento del convoy sin tener que representar la locomotora”, porque en el cuadro pueden verse el ténder y la mitad trasera de la locomotora, pero tiene toda la razón con lo del humo del tren en Regoyos. Tiene razón, sí, pero al visitante amante de los trenes no le saca de su convencimiento de que en Los Almendros en flor, el venerado pintor le ha hecho una jugarreta.

domingo, 16 de abril de 2017

“El tren, miradas inocentes”, pintura naif ferroviaria


"El tren, miradas inocentes” es una muestra de arte naif con el ferrocarril como tema que nace de la colaboración entre el centro de la Uned de Calatayud y la Fundación de los Ferrocarriles Españoles, realizada sobre una selección de obras de la colección Rail Arte de la FFE y en la que han participado niños del Colegio Público Baltasar Gracián y miembros del Centro de Atención y Recursos Amibil,

Sobre estas obras, los estudiantes han elaborado 38 cuadros en los que muestran su particular visión del mundo del ferrocarril, de manera que la originalidad plástica de los treinta cuadros se ve enriquecida con las interpretaciones y las recreaciones que de los mismos hace cada niño desde su perspectiva individual. Así, la muestra, que tiene el doble objetivo de acercar el arte y el ferrocarril a los niños de una manera divertida, ofrece al visitante la posibilidad de entrar en un mundo colorido, cargado de fantasía, sencillez e ingenuidad, en el que se conjugan la sensibilidad de los artistas naif adultos con la frescura y plasticidad de los artistas infantiles.

Bülher, Margritt - Cats on the roof top Zurich

Carolina Muñoz Miñana
La exposición permanecerá abierta al público hasta el próximo 15 de junio en las Salas de Exposiciones del Centro de la UNED en Calatayud, San Juan el Real, 1

Luciani, Rebeca - Mi tren
Víctor García Peñalosa

Antonio Barranco

lunes, 3 de abril de 2017

Esculturas sobre el viaje de Marta Sánchez Luengo

Llegará (2016)
Esta semana se inaugura en la sede madrileña de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles la exposición de escultura "A mi tran tran" de Marta Sánchez Luengo. El tema es la vivencia del viaje, una vivencia que la artista considera muy personal por cuento cada uno viaja a su modo y con una gestión singular del tiempo. En palabras de la artista:
El viaje, es entendido como tránsito, y comprendido como oportunidad desde donde apreciar la importancia del recorrido como lugar básico de conocimiento, de aquello que se ve fuera y de aquello que se observa dentro.

Las esculturas que conforman la exposición son una selección de piezas que, dentro de la obra artística de Marta Sánchez Luengo, están relacionadas con el viaje, el tránsito o la búsqueda. Interpretadas a partir de elementos relacionados con el tren y su entorno, hablan de ese transcurrir que la escultora intuye en tres tiempos: movimiento, espera y observación.
El banco que espera el tren (2017)
La obra con la que se abre esta entrada, así como "El banco que espera el tren" o "En silencio" tienen un fuerte trasfondo narrativo. Estas esculturas, pueden ser vistas como un momento de una historia. Ante "Llegará", uno se pregunta ¿quién llegará? El tren parece una respuesta demasiado obvia, enseguida la imaginación piensa en un un hijo, un amante. Imposible no ver en estas obras complicidades con la literatura o el cine, de la narración en definitiva.

Otro tanto ocurre con "El banco que espera el tren". Uno piensa al instante que los tres personajes no son extraños, al menos los dos que están de pie, él como esperando a la joven de la maleta. La artista nos ha planteado la situación, acabar la historia queda en manos del visitante de la exposición.

Los personajes van uniformados con una camiseta y un pantalón, el pelo siempre es corto y van descalzos, y esa circunstancia invita al espectador a preguntarse por la causa. Al respecto, Marta Sánchez Luengo explica que van descalzos para dar una nota de humanidad, incluso de vulnerabilidad, a unas figuras humanas a las que encontramos en un espacio neutro. En efecto, los andenes de las distintas obras son no-lugares en los términos que acuñó el filósofo francés Marc Augé para denominar a los espacios públicos de tránsito, unos lugares definidos por el paso, por la falta de establecimiento de vínculos de identidad entre espacio o edificio y sus usuarios, que lo suelen ser a causa de un acto comercial, un peaje o un billete de metro.

En "Llegará" pueden verse las tuberías de las conducciones técnicas en el frontal de la base del andén, un detalle de atención a los aspectos técnicos que ayuda a dar equilibrio a la pieza. El rigor a la hora de reflejar determinados aspectos técnicos o estructurales de la realidad en obras que, como ésta, se presentan como inscritas en el realismo cuando no en el hiperrealismo, se agradece por lo que supone de voluntad de hacer materia artística de las realizaciones técnicas. 

Marta Sánchez Luengo utiliza elementos metalúrgicos normalizados: tubo cuadrado, perfiles, varillas, etc, y los mecaniza y modifica para crear sus obras, pero quedan reconocibles, de manera que el material técnico trasciende la normalización y adquiere valor artístico formal.


En silencio (2016)

En lo alto (2016)

Por tierra y aire (2014)
Del 6 de abril al 12 de mayo de 2017
Palacio de Fernán Núñez - Calle Santa Isabel 44 - Madrid
Lunes a viernes de 11 a 20 horas. Sábados de 12 a 15 horas.
Domingos y festivos cerrado

jueves, 16 de marzo de 2017

Cercanías, la literatura de lo cotidiano III

En las dos últimas entregas vimos como los cercanías recorrían la literatura, ahora los veremos circulando por la pintura.

La expansión de las ciudades a principios del siglo XX a lo largo de las líneas suburbanas conformó el modelo de trenes de cercanías casi tal y cómo los entendemos ahora. Esto se deduce de las obras de aquella época que captan el bullicio y las aglomeraciones en los andenes. Fuera ya de las estaciones, vemos los convoyes circulando por las ciudades por pasillos ferroviarios entre los edificios o pasando elevados sobre las calles y las carreteras.

Los óleos, acuarelas y grabados que hemos seleccionado nos muestra cercanías de España, Inglaterra, Chile, Estados Unidos y Japón. Cada artista ha tenido su manera de acercarse al tema, unos se han fijado estrictamente en el material móvil, otros apenas lo han esbozado y han resaltado a los pasajeros, también hay quien ha querido reflejar el paisaje urbano con el tren integrado.

Siéntense en un banco de la estación del blog y vean pasar los trenes.

 Sherlock, Marjorie - Liverpool Street Station (1917)

Lozowick, Louis - Traffic (1930)

Yasui Koyata - Elevated Railroad (1932)

Rockwell, Norman - Commuters (waiting at Crestwood train station) (1945)
Masereel, Frans - The City

Catalá, José - Príncipe Pío

Brodholt, Gail - Factory Junction

Mr. from Fukushima - Seibu yellow 3000 system

Garcés, Eduardo - Santiago de Chile

Kiuchi, Tatsuro - Cercanías

Gómez, Xenxo - Atardecer en Chamartin

miércoles, 1 de marzo de 2017

Cercanías, la literatura de lo cotidiano II


En la entrega anterior vimos cómo la literatura del país donde nació el ferrocarril hizo materia narrativa de los trenes de cercanías desde sus inicios. Las compañías ferroviarias de la región de Londres encontraron en los promotores de las urbanizaciones suburbanas unos magníficos aliados, en nuestro país, en cambio, el fenómeno de las urbanizaciones metropolitanas ha estado vinculado al automóvil, con la excepción de algunos casos en Barcelona a principios del siglo XX. Esto explica que el seiscientos tenga su papel en la novela y, sobre todo, en el cine, y que el tren de cercanías esté poco presente. Aparece en algunos relatos de autores del realismo social y, posteriormente, va siendo tomado como escenario a medida que crecen las redes suburbanas.

El filólogo y escritor Alonso Zamora Vicente (1916 – 2006), Premio Nacional de Literatura 1980, en su relato Tren de cercanías de 1957 retrata cómo una señorita de casa bien entretiene el viaje revisando su bolso y extrayendo objetos para que sean vistos y admirados por el resto de viajeros; hasta que aparece una pistola que precipita un final insólito. Del relato nos interesa, ahora, el hecho de que presenta el viaje en cercanías como algo rutinario y tedioso.
Todos los jueves Martita baja a la capital. Martita vive en un pueblo suburbano, a veinticinco kilómetros del centro. Los trenes van y vienen por el sueño y la vigilia de Martita, una zozobra llena de horarios y tracatrá, y paisaje familiar, y combinaciones con el metro y el autobús, y la duda de si parará o no este tren en su pueblo. (…) El tren corre, alocado, por estos veinticinco kilómetros que Martita ya se sabe de memoria. Intenta, para llenar el tiempo, poner un poco de orden en su bolso, revolver, simular que busca algo.

El madrileño Carlos del Pozo ganó el primer premio La Mota de libros de viajes con Raíles sobre la mar (2008), un viaje sentimental por la comarca mediterránea del Maresme. Lo que tiene de original el libro es que el viaje se realiza en la línea de cercanías que la recorre a todo a lo largo. El viajero cubre en cada etapa la corta distancia entre una estación y la inmediata siguiente, pasa dos o tres días en el pueblo, lo visita, lo describe y continúa viaje. Relata el ambiente que hay en el tren a distintas horas del día y retrata la cambiante y variopinta galería de usuarios. Todo le parece bien al viajero menos no poder viajar en silencio:
Hay estu­diantes que repasan en alto y de modo colectivo sus lec­ciones, teléfonos móviles que retumban con su insólita colección de melodías sobre la cerrazón del vagón, unos árabes de mediana edad que vocean la belleza de su len­gua en la convicción de no ser entendidos por nadie, y hasta un par de jóvenes que, pese a ir dormidos, llevan conectados sus aparatos de música en principio para sus exclusivos oídos pero que tenemos que soportar los de­más.
Justo en la ciudad de Badalona, término del libro de del Pozo, se realizó el año 2009 una exposición conjunta del poeta Valentí Soler y el pintor Antoni Benages sobre los lugares característicos de la ciudad. No faltó la estación, a la que le dedicaron una acuarela, la que encabeza esta entrega, y un breve poema con cierto aire de haikú titulado Cercanías:
Trens del matí.                                 Trenes de la mañana.
Vidres endins,                                  Detrás de los cristales,
regust de somni als ulls.                  regusto de sueño en los ojos.
La rutina de un viaje de cercanías ha tenido en ocasiones un rompimiento brutal: un accidente, un atentado. En el año 2009 dos novelas se sumaron a la narrativa que tiene su germen en los atentados de Madrid del 11 de marzo de 2004.

El mapa de vida (2009) de Adolfo García Ortega no es de tema ferroviario, tampoco es estrictamente hablando una novela sobre el 11M, pero en los compases iniciales describe como eran y como mueren algunas víctimas; una de las protagonistas de la novela es una de las supervivientes. De nuevo el viaje en cercanías se describe con los colores de lo conocido y lo cotidiano. 
En la estación la luz empieza a ser más densa. Los trenes emiten sonidos familiares, chirridos de frenos, tonos intermitentes de aviso de cierre de puertas. La gente corre como siempre repitiendo el ciclo diario. Ya se ha despertado la ciudad, ya la ciudad vuelve a ser un caudal de vida y tiempo derramados. Pero ha ocurrido algo, la luz ha cambiado de un color a otro como si hubiese caído un telón sobre Madrid. Una explosión, alcanza a comprender alguien que cae en el andén, que se siente empujado.

Manuel Gutiérrez Aragón ganó el premio Herralde de novela 2009 con La vida antes de marzo. Tampoco en este caso se presenta como una obra sobre el 11M, pero sí como una reflexión sobre el choque de culturas. Un tren de dos mil coches recorre un trayecto sin principio ni final inscrito entre Bagdad y Lisboa, procede de varias estaciones, tiene múltiples destinos y el tiempo en él, se distorsiona. La novela arranca con referencias a trenes de ciencia ficción: el convoy, que es como un mundo y que circula sin detenerse, tiene ecos del cómic Transpierceniege y el sistema de trenes satélite utilizado para subir y apearse de él, los tiene de la novela Traficantes de leyendas.
No tiene ni cabecera, ni estación terminal. Y para ir a Zurich o a Es­tambul no hay que cambiar de línea, solo tomar el vagón adecuado. Las obras de este trayecto empezaron en el 2019 y solo se han terminado ahora, cinco años mas tar­de. Pero lo más espectacular no es su trayecto múltiple, ni su decoración art deco, rococó, o la más abundante de la­cerías y signos arábigos, sino el numero de sus vagones. Dos mil vagones forman la serpiente metálica de este enorme trasto, que nació ya viejo por la falta de acuerdo europeo. El antiguo proyecto «Berlín-Bagdad», sucesor del «Oriente Expres», ha dado origen al tren «Bagdad-Lisboa» que sale -en realidad deberíamos decir pasa- de, por, so­bre, ante Lisboa y da la vuelta en Mesopotamia, haciendo un gracioso rizo -de tres billones de euros- entre el Tigris y el Eufrates. Y de Lisboa, si no «sale», tampoco se puede decir que «vuelva». El tren nunca se detiene para recoger o descargar usuarios. Seria una perdida de tiempo. Un satélite, que se coloca a su costado, en una vía adyacente, aumenta la ve­locidad hasta alcanzar la del «Bagdad-Lisboa». Los pasaje­ros se trasvasan al enorme convoy y viceversa. El tren satélite se despega del principal una vez cumplida su misión vicaria.
El encuentro de dos extraños en ese tren acaba en confidencias y relatos cruzados. Uno de ellos se enamoró de una magrebí en un pueblo de Asturias cercano a Mina Conchita, el otro estuvo relacionado con un grupo radical liderado por un tipo apodado “el tunecino”… Seguro que les suena.